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Trabajar en Refinería Web es una de esas experiencias que te hacen sentir parte del equipo desde el primer día. Aunque trabajábamos de forma completamente remota, nunca tuve la sensación de estar «del otro lado de la pantalla». Había un ambiente de trabajo muy cercano, y gran parte de eso se lo debo a Víctor, mi jefe. Tenía una forma muy especial de acompañar al equipo: era extremadamente detallista, pero siempre encontraba la manera de señalar un error como una oportunidad para aprender y no como una crítica.

La empresa desarrollaba sitios web dentro del programa Kit Digital del Gobierno de España y, en apenas seis meses, participé en la creación de cerca de treinta proyectos. Algunos partían de plantillas preinstaladas y otros se desarrollaban prácticamente desde cero, lo que me permitió ganar muchísima agilidad para adaptarme a diferentes necesidades y formas de trabajo.

Mi día a día giraba alrededor de WordPress. Trabajé intensivamente con Elementor Pro, modificando themes existentes, preparando child themes y utilizando Gutenberg para la maquetación de contenidos cuando el proyecto lo requería. Al mismo tiempo, recurría constantemente a HTML5, CSS3, JavaScript y jQuery para personalizar las interfaces y asegurar que cada sitio fuera completamente responsive.

Con el tiempo también empecé a intervenir cada vez más en la parte de desarrollo con PHP, creando shortcodes, custom post types y pequeñas funcionalidades a medida que automatizaban procesos o resolvían necesidades específicas de cada cliente. Además, incorporábamos plugins de accesibilidad y SEO para mejorar tanto la experiencia de los usuarios como el posicionamiento de los sitios en buscadores.

En «Refi» aprendí a trabajar con rapidez sin perder atención, a desenvolverme con soltura en WordPress y, sobre todo, confirmé que disfruto especialmente de crear sitios web. Fue una etapa muy intensa, pero también una de las más divertidas.